La voz de Zihuatanejo

Opinion

SIN FIN DE HISTORIAS

Ramiro Arturo Barrera MorenoHace 80 años en la Ciudad de México, un día como hoy falleció el reconocido educador Gregorio Torres Quintero, nacido en Colima en el año 1866, hombre de luces fue profesor, pedagogo, escritor y poeta, en su honor actualmente decenas de planteles educativos del país llevan su nombre y la historia oficial lo eleva a la categoría de “hombre ilustre” de la patria. ¿Pero verdaderamente “el maestro Goyito” como fue conocido, merece tales honores?En 1916 Venustiano Carranza veía con desconfianza el modelo educativo que implementaba en Yucatán el General Salvador Alvarado, gobernador de la entidad que se basaba en la educación “racionalista” que trataba de cambiar un sistema donde la instrucción escolar básica, primaria, tenía un carácter marcadamente intelectualista y memorista; su método se basaba sobre todo en el aprendizaje de los instrumentos de la lectura, escritura y cálculo, en la recitación de algunas obras o libros escolares y en la audición y repetición de las palabras del maestro. Se recomendaba, la enseñanza intuitiva (lecciones de objetos) y la clasificación de los alumnos (colegios por jerarquías graduales); pero en general predominaba la enseñanza verbalista y la disciplina rígida del maestro, es decir era una escuela intelectualista, convencional y autoritaria, en la cual el alumno era considerado desde una posición pasiva, un receptáculo en el que se depositaban los conocimientos y el aprendizaje. Por ello Alvarado convocó al “Primer Congreso Educativo” a fines de 1915, donde la mayoría de los profesores participantes eran de filiación anarquista, lo cual no le gustó a don Venustiano.Por ello Carranza ordenó a Gregorio Torres Quintero trasladarse a Yucatán como jefe del departamento de educación pública, lo cual fue aceptado por el General Alvarado. Ya en funciones don Goyito organizó el “Segundo Congreso Pedagógico”, pero al mismo tiempo desarrolló una serie de ataques a los profesores racionalistas. Recapitulando las conclusiones del Primer Congreso llevado a cabo un año antes y de algunos profesores opositores a la escuela racionalista, se valió de ellas para librar una batalla en contra de estos miembros y manifestó en el tercer apartado a discutir en el 2º Congreso Pedagógico la incapacidad de los racionalistas para definir su proyecto. Durante el Congreso, el maestro “Goyito” publicó una serie de ataques en contra de algunos seguidores de la escuela racionalista, nombrándolos ignorantes y anarquistas, anarquistas como sinónimo de provocadores e incendiarios políticos, “que andan hojeando libros y más libros para buscar un pensamiento bonito”.En su discurso de clausura, Torres Quintero habló de la escuela nueva de Eislander (uno de los principales teóricos de la escuela racionalista) y resaltó que la escuela racionalista era ilusoria, que no existía: “no existe en realidad, sólo ha existido en la imaginación de su autor”, precisando que eran experimentos para “ciudades urbanas, mientras que Mérida es un campo rural” y que el infante debía permanecer en un sistema educativo de obediencia y servilismo: “no debe preguntarse al niño, es el niño el que debe preguntar. Todo pues debe ser ocasional. Prolongar el método del hogar hasta la escuela primaria: he aquí el sistema.” Concluyendo que la escuela racionalista no era un sistema apto para Yucatán: “Pero sería un error del gobierno generalizar en las escuelas un sistema no probado en la práctica. La escuela racionalista como escuela o como cuerpo de doctrinas, ha sido negada por el Congreso. Torres Quintero criticó las articulaciones político-educativas, de los racionalistas, siendo que la escuela del trabajo y de la acción, que él promovió, también era un proyecto político del constitucionalismo, es más un proyecto de autoridad. Jamás reconoció el valor de la escuela racionalista, una escuela que desbordaba el marco de un proyecto puramente pedagógico, que rompía con los programas educativos franqueados en las nociones de lectura y escritura, los cuales influían las relaciones sociales en forma negativa, agravando su dependencia a los juegos del cacicazgo político y a las estructuras de dominación económica y cultural. Mientras el maestro “Goyito”, continuaba con su repudio obsesivo, los racionalistas abandonaban las palabras, José de la Luz Mena y Alcocer realizaba la propaganda por el hecho: editaba el libro De las tortillas de lodo a las ecuaciones de primer grado (1916), mismo que vendió para reunir fondos y establecer la escuela racionalista en el barrio de Chuminópolis, Mérida (agosto-septiembre de 1917). Iniciaba un proceso de construcción, en donde la educación racionalista fomentaría un proceso emancipador, de conciencia, un pleno desarrollo de los seres humanos, pero siempre en el seno de una sociedad solidaria, de un equilibrio entre las labores manuales y las labores intelectuales o culturales, como una vinculación para el desarrollo armónico del ser humano. Vinculación de ambas actividades, que produjo practicar una manera eficaz de suprimir la división de clases: la rotación de tareas, ya que mientras existieran niveles de educación diferente, existirían privilegios políticos y económicos para una minoría; en contraparte esclavitud, opresión, y dominación para una mayoría.Vale recordar que una de las aportaciones educativas de Gregorio Torres Quintero, fue la creación del “Método Onomatopéyico” o fonético, con el que nos enseñan a leer y a escribir hasta la fecha, a pesar de las cacareadas y rimbombantes “Reformas Educativas”, un método que está demostrado que si bien ayuda al aprendizaje de la lecto escritura, los niveles de comprensión son muy bajos.Nota: para la elaboración de este trabajo se recurrió a la Fuente: Pacarina del Sur – http://www.pacarinadelsur.com/index.php?option=com_content&view=article&id=941&c.

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