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Opinion

VIDA PÚBLICA

PRD, DECONSTRUIR O MORIR

Christian Zamora

Es el momento perfecto para ser analíticos y autocríticos, es el momento ideal para ser brutalmente honestos, es el tiempo preciso para deconstruir o morir…

589 mil 74 votos en las elecciones por la gubernatura del 2005; 671 mil 12 votos en el 2011; 473 mil 382 durante el 2015 y sólo 108 mil 394 en los comicios del 2021. El dato no solamente es duro, es letal.

Conozco al PRD, lo conozco desde adentro. Sé de sus triunfos y también de sus fracasos, conozco sus yerros y sus aciertos. Hoy, a un día de su Congreso Nacional, los perredistas deben estar preocupados. El otrora poderoso partido, el que ganó dos veces la gubernatura de Guerrero, el del “carro completo”, la máquina que hace algunos años arrasaba en las elecciones, agoniza.

Pero algo debe quedar claro, en el PRD no se equivocaron todos; culpables muchos, salvables pocos, quizá solamente los de abajo, los de las bases, los de la estructura, los que hacen el trabajo en tierra, los que durante años fueron la fuerza del partido y que en esta última etapa los alejaron las decisiones cupulares.

Y es que el sol azteca se extravió en el camino, prestó la piel a lobos convertidos en ovejas, se entregó sin filtros ni candados, y ahí, en esa búsqueda por abrir las puertas del partido a “políticos comprobados” o “frentes ciudadanos”, comenzó a perderlo todo. Dos exgobernadores son prueba de ello. Negocios al amparo del poder, imposición de puestos para sus incondicionales, creación de grupos internos que dividieron y no sumaron, traiciones y muchas otras prebendas, son fragmentos de esta negra historia partidista.

Sin embargo, tampoco los de casa hicieron algo por evitar la debacle; muchos de ellos nacieron, crecieron y lamentablemente se corrompieron aquí. Integraron corrientes con una sola finalidad: la búsqueda del poder, olvidándose del partido “cercano a la gente”. Lo que surgió como un modelo de política izquierdista que servía y beneficiaba al pueblo, pronto se convirtió en un esquema familiar de colocación de empleos.

Basta mirar hoy al PRD para develar la terrible realidad que vive. Hay que quitarse la venda. Sus líderes, cualquiera de ellos que haya probado el poder, tienden a heredar los puestos. Esposas y exesposas, novias, hijas, hijos, hermanas, sobrinos, y hasta amantes. A esas privilegiadas listas las une no sólo un vínculo político, sino los vínculos personales y de sangre.

Hoy en el partido de las causas sociales son pocos los dirigentes que priorizan la capacidad técnica y política. Por eso jóvenes y militantes se han ido, por eso los nuevos rostros son escasos. Mientras que, en la línea nacional, que desciende a la estatal, han puesto por encima una alianza que aleja que mil debates que acercan.

El PRD no puede seguirse autoengañando, viviendo como un espejo del viejo y nuevo PRI, o con la paja del ojo ajeno que tanto critica en MORENA. La simulación los está matando. Grupos que fingen sumar, pero son peces de la misma cubeta. Grupos que fingen trabajar, pero hasta el límite de sus intereses. Grupos que fingen caminar, pero que meten al pie al que va más adelante. Así, simplemente no se puede.

Este sábado y domingo se hablará de renovación, canje de nombre, de eslogan y hasta de color. En esa metamorfosis nunca encontrarán la respuesta, porque si los líderes son los mismos nada habrá cambiado. Para recomponer el rumbo el PRD debe ya no aprender, sino reconocer y rehacer; sangrar y cerrar heridas y, ante todo, volver al origen para recuperar las cosas que le dieron ese anhelado y glorioso pasado.

La frase: “Los partidos políticos no mueren de muerte natural; se suicidan”. José Enrique Rodó.

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